regresé de ser mujer,
de lo que las heridas callan y la costumbre oscurece;
de mi cuerpo alrededor y de las huellas prudentes
que se ahondan en los enormes huecos;
de los perfectos blancos del fuego que algún soldado
con ternura mató;
de la piel de una sombra que seguirá mordiendo el
invierno,
con suaves salivas temblorosas y sin ojos,
con la piel secreta y la pasión en la hoguera
de su mirada;
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