6 meses de
Primaveras, sí. Aflicción del grito en los
ojos. Primaveras, el mar de ti que inunda tus aplastados por el fuego. Y
belleza en los antros cobardes rodeados de profundas embriagueces. Olores de
zafiros delgados burlan tu falda y ríes como un cisne que tortura pupilas,
maldición sabia, vasta, fundida en el viaje espirituoso del castigo. Nos mueven
los piojos y no es la luz del universo entonces, sino los cuerpos obstinados
que naufragan y que perdiste enredado en el alga de un nadie lejano; alcanza
tus pies en el agua.
Furia, te vi pasar sobre el mundo con las manos
unidas a un marino devorante, vi su última rosa, sus ultimas redes, frente al
último faro. ¡Qué calma arde en la playa!
Huías a la siguiente opresión, tirando el desorden a los salvajes en la
ribera de la civilización. Ruedas en el verbo y en el vaivén cualquier derecho
te traslada del lenguaje a los perros.
Primavera, sí, libre de patria o pecado que son
lo mismo. Una nueva bestia encuentra cavernas en las hendiduras de la realidad y
se alimenta de las flores amarillas del mal, absuelta de límites, mirando el
polo del este, burlando el beneficio del sufrimiento que palpita en el error.
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