Alguna gastada esperanza
siento, una presencia de alguien que empantana el jardín,que soporta
la intemperie en mi terraza, que canta bajito en la ventana, para mis
adentros; te doy entonces un abrigo, mi sopa de letras, todas la combinaciones
posibles de las palabras nunca dichas que bebo en invierno, y que canto en
verano, bajito para no agredir las flores, para no ofender los pétalos o
un amor extraño que se espanta del cemento, de esta esquina cansada de
pasos a la vuelta de mi casa, que me esperan, cuando salgo, camino y
doblo. Ahí estarás con un ramo de rosas nuevas, querible como un
amanecer con su horizonte, lejos, pero visible.
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