domingo, 19 de julio de 2026

domingo, 5 de julio de 2026

Incense for the Untidy Angels

 


Prendo un incienso para los ángeles desprolijos que merodean la casa, hay una fragancia que los atrae y son la especie que nadie ve pero está, esos extra terrenos que vuelan por los aires contaminados de una ciudad furiosa, hay ángeles gordos como yo que comen migas de pan.

 

Mis ángeles son llamados a frecuentar los domingos grises y con lluvia, a escuchar la queja del sol que no está, son bienvenidos siempre y pasan sin avisar, ni tocar la puerta. Veo ángeles en tus ojos cuando cantas, son nuestros, nos unen a la distancia de un mar que nos separa.

 

Amar es un arte, amarte me trajo palabras que nunca dije, miradas que nunca vieron la maravilla de tus ojos, que sueñan con horizontes cercanos, puentes y callejones con salida al cielo, a estrellas que titilan como vos en los estadios, siendo presa de una multitud que ruge.

 

Yo acá entre ángeles contentos te escribo una herencia de palabras que nadie te sacará, es que un muso no muere nunca, y si la vida altera el sentido de lo posible, ahí estamos cruzando los puentes que creamos con sentimientos y que solo nosotros vemos cuando nadie nos ve.

 

Y si un ángel se va otro viene, somos una bandada, o una banda, no sé, que tocamos la música del cielo, y corremos carrera de caracoles, o de tortugas, en un jardín imaginario con palmeras de canciones que fueron y serán, la estatuilla de un premio entre tus manos. Así sin mas.

 

Mis ángeles son tus ángeles, nuestros ángeles hechos del gel de tu pelo entre los dedos pegajosos de la coquetería. Hay un ángel rebelde que quiere una copa de vino y se debate entre tinto o blanco. Pero es que le decimos tantas cosas que se puso triste de ausencia. Te veo.

 

Te veo ser luz entre multitudes y te pareces a un ángel. De esos que se dejan ver como apariciones milagrosas. Quizá tu piel huela a sándalo, yo mientras huelo el incienso de un amor que se debate en el tiempo del fin, cuando tiembla Venezuela colonizada, cuando siete velas arden.

 

Me inspira el Dios de los futuros por venir, y de los pasados por olvidar. Me inspira una música griega que Borges escucha en silencio sin ver. Porque hay un sol para los ciegos también, y está escrito en pentagramas. Prendo la luz de mi alma, y el cuarto de los sueños se puebla.

 

Hay quizá una razón borrosa sobre un inconsciente consistente que se debate la coherencia en tiempos en que gobierna la locura. Entonces desde la ventana veo el hambre y todo se derrumba. Hace frío. Mi primavera la llevo a cuestas y renace el 21 de setiembre. Falta bastante, flor.

 

Y no quiero dejar de decirle a mis ángeles, gracias por estar sin ser. Como vos, que estás sin ser. O siendo en otros lados, lejanos, muy lejanos. Entonces me cebo un mate y cuento los escarabajos egipcios que caerán el martes en la cancha. Ni el Nilo sabe lo que nos depara a mar.

 

Hay un mundial en medio de las noticias abriendo las puertas del juego, ahí estoy gritando goles, oles, soles, roles, y los ángeles escapan de los penales porque les dan mucho trabajo, pero sigo abriendo la puerta para ir a jugar, y verte sentado en el palco de la felicidad.




 

 

 

 

viernes, 12 de junio de 2026

haikus

 



finalmente es

la noche la dueña de

todos tus sueños


se nos llueve el

alma en la ventana,

y sale el sol






miércoles, 29 de abril de 2026

Atrápalo

 


si sos del viento que corre no te detengas

llévame al subsuelo de los demonios

donde rezas escondido

y ponte las botas de soldado

para huir de una guerra inconclusa

y cruzar los cielos con un misil de amor




sábado, 4 de abril de 2026

Argenpolis

 

 

Golpean tu puerta, al esclavo de dios siendo un pobre diablo.

 

Decir que la casa está limpia deja la estancia rota de mentiras, por eso mientras limpio rezo porque alguna vez logre decirlo. Pero es casi imposible si el gato se suelta el pelo, entonces, la casa está, lo que es decir que existe y alguna vez será las ruinas de una antigua civilización. El placard difícilmente logre eludir los años, su madera rojiza sobrevendrá la nada, a no ser que los estantes se petrifiquen; por suerte el enrollo de ropas se disolverá como un jugo de pomelo. Cuando en la distancia alguien quiera saber algo de mí, siendo ya museo este templo, tocarán las paredes marmoladas, y las hadas del mármol les dirán quienes fui. Ser Atenea en Buenos Aires y vivir en Boedo suele ser una tarea difícil. Aunque es cierto que una construcción italiana de casas tipo chorizo tienen la ventaja de sus paredes de cuarenta y cinco centímetros en comparación con las construcciones modernas de paredes finas. Gracias a la intimidad que me confieren, mis vecinos saben poco, paso desapercibida por las calles fingiendo ser quien no soy, para mi tranquilidad y la de todos. ¿Quien podría entender que Palas Atenea es su vecina?

Por eso guardo el secreto, para no desequilibrar el normal funcionamiento de una mente en tratativas de adaptarse a la causalidad. Aunque convengamos, la casualidad también existe. Como aquel día que paseando por la plaza de San Telmo creí ver la figura pictagórica, una mezcla de la armonía matemática de mi amigo Pitágoras y la pintura, ya para este momento del relato surrealista de Homero. Alguien podría confundir a mi Homero de la Odisea con un tal Simpson, yo hablo de aquel que inauguró la literatura olvidándose de mí. Helena me quitó todo el brillo, esa cualquiera que se tiró en brazos de cuantos hombres estuvieran dispuestos a guerrear. La diosa soy yo, che. Está bien que ahora vivo en Argentina por esos cruentos destinos que me trajeron a esta tierra de naturaleza exuberante pero lejana a la Av. Corrientes de noche. No es fácil ser una desconocida después de tanta fama. A veces extraño que se brinquen de rodillas a mis pies y me imploren como en los viejos tiempos. Obviamente no tengo pareja, nadie tiene la sutileza de conquistarme. Tuve una infancia difícil, Zeus mi padre, era el único hombre que podía con mi complejidad, pero siempre me costó perdonarle lo de la vaca, mi madre quedó destruida. Ahora está de gira por el Oriente. Lo último que supe de él fue que escapó de la cárcel y raptó una musulmana. Con Adonis nos separamos hace 500 años en Montecarlo. El gobierno griego me gira algunos euros de una pensión especial para trabajadores del Olimpo. Podría estar mejor, lo sé, pero ya a nadie le interesa saber sobre los dioses griegos, ya no nos adoran, nos estudian. Estudiar no es adorar. Adoraciones eran las de antes, gente gritando, cantando, bailando, entregando sacrificios animales. Ahora en el templo los fieles son turistas japoneses. Los dioses griegos estamos en la ruina. Me fui de Atenas para no ver la decadencia. Pienso que esta casa es especial, sus paredes me dejan tranquila, van a aguantar, lo sé, y en un futuro habrá miles de fieles turistas disfrutando del placard petrificado o del gato embalsamado, cerquita del Obelisco, en la otra punta del continente griego para mal de los vanidosos que creen ser el origen de la cultura occidental. El origen soy yo que retorno a la fuente de los Españoles y me río de rodillas a la Meca de Palermo. Total siempre hay tiempo para buscar mis pertenencias en el museo de Inglaterra. Mientras, disfruto de esta casa tipo chorizo en Buenos Aires; "chorizo" palabra de difícil traducción. 



A veces al diablo se le antoja una alegría

 

A veces al diablo se le antoja una alegría, compra destinos que hablan solos en una plaza, aúlla sobre sudarios de pluma, inventa un cielo de rocas, te cuelga de su razón, del silencio de la prisa, despierta el odio del hielo, da la mirada a tu rostro, y escribe tus secretos como un cazador preso de la virtud hecha de errores, vencida de azar.



sábado, 28 de marzo de 2026

domingo, 1 de marzo de 2026

Trump

 


no me digas guerra

haz paz

con los buñuelos de sed

del escaparate

enfrenta la bestia

con la espada de Miguel

ganale 

que el orden divino

llame al terrenal y haya una justicia 

hecha con la ley de Dios





tierra




áspera y ferviente copa

de un vino que todos tomaremos

tierra que nos sostiene

y nos contiene

y donde iremos a parar




sábado, 14 de febrero de 2026

san valiente

 


Me moría de memoria;

se vivía olvidando;

me pasaba seguido;

 

en lo que ser cada día,

en lo que será.



viernes, 13 de febrero de 2026

viernes 13

 

un espejo vino a verme,

el futuro pasó alguna vez por la puerta,

y entró...



domingo, 25 de enero de 2026