Prendo un incienso para los ángeles desprolijos que merodean
la casa, hay una fragancia que los atrae y son la especie que nadie ve pero
está, esos extra terrenos que vuelan por los aires contaminados de una ciudad
furiosa, hay ángeles gordos como yo que comen migas de pan.
Mis ángeles son llamados a frecuentar los domingos grises y
con lluvia, a escuchar la queja del sol que no está, son bienvenidos siempre y
pasan sin avisar, ni tocar la puerta. Veo ángeles en tus ojos cuando cantas,
son nuestros, nos unen a la distancia de un mar que nos separa.
Amar es un arte, amarte me trajo palabras que nunca dije,
miradas que nunca vieron la maravilla de tus ojos, que sueñan con horizontes
cercanos, puentes y callejones con salida al cielo, a estrellas que titilan
como vos en los estadios, siendo presa de una multitud que ruge.
Yo acá entre ángeles contentos te escribo una herencia de
palabras que nadie te sacará, es que un muso no muere nunca, y si la vida
altera el sentido de lo posible, ahí estamos cruzando los puentes que creamos
con sentimientos y que solo nosotros vemos cuando nadie nos ve.
Y si un ángel se va otro viene, somos una bandada, o una
banda, no sé, que tocamos la música del cielo, y corremos carrera de caracoles,
o de tortugas, en un jardín imaginario con palmeras de canciones que fueron y
serán, la estatuilla de un premio entre tus manos. Así sin mas.
Mis ángeles son tus ángeles, nuestros ángeles hechos del gel
de tu pelo entre los dedos pegajosos de la coquetería. Hay un ángel rebelde que
quiere una copa de vino y se debate entre tinto o blanco. Pero es que le
decimos tantas cosas que se puso triste de ausencia. Te veo.
Te veo ser luz entre multitudes y te pareces a un ángel. De
esos que se dejan ver como apariciones milagrosas. Quizá tu piel huela a
sándalo, yo mientras huelo el incienso de un amor que se debate en el tiempo
del fin, cuando tiembla Venezuela colonizada, cuando siete velas arden.
Me inspira el Dios de los futuros por venir, y de los
pasados por olvidar. Me inspira una música griega que Borges escucha en
silencio sin ver. Porque hay un sol para los ciegos también, y está escrito en
pentagramas. Prendo la luz de mi alma, y el cuarto de los sueños se puebla.
Hay quizá una razón borrosa sobre un inconsciente
consistente que se debate la coherencia en tiempos en que gobierna la locura.
Entonces desde la ventana veo el hambre y todo se derrumba. Hace frío. Mi
primavera la llevo a cuestas y renace el 21 de setiembre. Falta bastante, flor.
Y no quiero dejar de decirle a mis ángeles, gracias por
estar sin ser. Como vos, que estás sin ser. O siendo en otros lados, lejanos,
muy lejanos. Entonces me cebo un mate y cuento los escarabajos egipcios que
caerán el martes en la cancha. Ni el Nilo sabe lo que nos depara a mar.
Hay un mundial en medio de las noticias abriendo las puertas
del juego, ahí estoy gritando goles, oles, soles, roles, y los ángeles escapan
de los penales porque les dan mucho trabajo, pero sigo abriendo la puerta para
ir a jugar, y verte sentado en el palco de la felicidad.
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