sábado, 25 de junio de 2011

Lejos no es distancia. Lejos es tu silencio.

Un frío crepúsculo abre fronteras sin bandera que cruzo
para divisar esta tierra de nadie que se siembra sobre mi;
juegan las palabras su juego preferido de decir
y entonces apareces serpiente en el árbol de los frutos prohibidos
para abrazarme, tomar mi costilla, someterme a nacer;
y así, desvestido, con la piel en tus escamas,
te cuelgas del espanto de mi cuello,
y ríes de miedo, de amor, con la ternura del veneno agigantado
hundiéndose en mi luna llena de sentidos vacíos;
y yo, gimiendo al margen de un poema, perdiendo el rumbo,
casi desmayada, descanso sobre ti, viva y muerta.

domingo, 5 de junio de 2011

Gustavo Adolfo Bécquer

Su idea de la lírica expuesta en la reseña que hizo del libro de su amigo Augusto Ferrán La soledad:

Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura. Hay otra, natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye; y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía. La primera tiene un valor dado: es la poesía de todo el mundo. La segunda carece de medida absoluta; adquiere las proporciones de la imaginación que impresiona: puede llamarse la poesía de los poetas. La primera es una melodía que nace, se desarrolla, acaba y se desvanece. La segunda es un acorde que se arranca de un arpa, y se quedan las cuerdas vibrando con un zumbido armonioso. Cuando se concluye aquélla, se dobla la hoja con una suave sonrisa de satisfacción. Cuando se acaba ésta, se inclina la frente cargada de pensamientos sin nombre. La una es el fruto divino de la unión del arte y de la fantasía. La otra es la centella inflamada que brota al choque del sentimiento y la pasión. Las poesías de este libro pertenecen al último de los dos géneros, porque son populares, y la poesía popular es la síntesis de la poesía.

sábado, 4 de junio de 2011

contabili dad



Por definición el mar es insondable,
habría que contabilizar las algas y
y los corales, y los cardúmenes,
y la olas repetitivas, distinguiendo las altas
de las bajas, las rompientes de los muelles,
el sin fin de caracoles y estrellas subterraneas.
El mar era insondable quizá hasta ahora.

la elegía


Anda caminos nuevos con zapatos viejos,
escucha el paso que otro hace de sus ecos,
apoyado en la mesa de un bar
sus fracasos de boca añeja en una copa
saben que la Elegía a la elegida se va con otro,
con sus apócrifos versos calándole el oído.

viernes, 13 de mayo de 2011

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llora el día y la noche se inunda...

llora la luna y los amantes se pierden...
llora el futuro y el presente se empaña...
llora el recuerdo y se humedece el olvido...
llora el cuerpo entero su dolor sobre las sábanas…
llora el poema su tinta y el desierto se puebla de palabras...

sábado, 7 de mayo de 2011

Taconeando


El cuarto menguante, la clara luna en la ventana, y yo bailando sobre las ruinas, sobre el diluvio, sobre los espejos del pasado, bailo, sobre la arena rota del tiempo, sobre el acantilado, sobre la cama, sobre un sobre cerrado y enviado por correo, sobre todos los estantes del saber, sobre la tropa que avanza y retrocede, sobre la avaricia y el engaño, sobre todas la especulaciones posibles, sobre tu rencor y el mío, bailo sobre las desgracias, esas gracias que se deshacen sin querer, sobre los compartimentos estancos de un pensamiento atiborrado, sobre las esgrimas de la inteligencia marchita, sobre los secretos nunca dichos, ahí, donde florece la aurora, sobre el amanecer que no se rinde nunca, por ahora, sobre la prepotencia del sol, y la vergüenza de la lluvia cuando apenas es un rocío, ahí, debajo de un paraguas de dudas, bailo apenas con un pie, apenas con una mano, moviendo la cadera, bailo persignándome, haciendo al ridículo respetable.

Bailo en las palabras, en el regreso, ese repetir la vuelta al mismo sitio, en la pesada carga de un tren sin pasajeros, en la Avenida de Mayo, en la Avenida de Abril y de Setiembre, en la calle que te vive todos los días en la puerta de tu casa, en el final feliz de una película que todavía no vi, en la terraza donde crecen limones custodiados, ahí donde yace desmayado con sus cruces el sacrificio que se llevó alguien a otra parte, en la planicie redonda de esta tierra inquieta, en el parecer, en el padecer, en el placer, en el remedio y en la enfermedad, hasta que la muerte me separe el cuerpo de esta alma y me lleve con el baile a otra parte.

Bailo por el boulevar de los sueños venidos a menos, y nadie vigila mi vigilia de duende encantada que baila por los pasillos de un hotel abandonado, bailo, sabiendo la hora, cantando bajito, pensando, escribiendo, haciendo libertades a mi medida, bailo, sobre el poder y sus aliados, sobre la ruta 66, sobre la Maja desnuda, sobre las Meninas y el mismísimo Velazquez, bailo abriendo la puerta para ir a jugar, sobre el mar, sobre la estupidez, sobre y en cada centímetro cuadrado que ocupa esta pieza de un mundo, abriendo los brazos, amenazándote con el dedo índice, señalándote la música que empezó todo este movimiento incesante que casi no puedo parar, bailando cuesta abajo cuesta tanto, pero bailo, casi con la insistencia de un parkison que avanza de pies a cabeza, bailo sobre todos tus muertos y todos tus vivos, bailo en la prosperidad y en la salud, abriendo los ojos en el torbellino que como un huracán me arrastra y me baila, y me empuja, y me hace caer de bruces contra el piso, entonces siento el cansancio y duermo para seguir bailando mañana, como los monos en el circo.

sábado, 23 de abril de 2011

a mi manera

Hay cosas que amaneran la vida en su vital contundencia, le dan un doblez al sentido, enhebran la tristeza con la dicha, el pliegue de una falda con la cadera, y el resbalón de la caída termina siendo un tropezón sin raspaduras, o no. Hay cosas que amaneran la forma de decirte que suene la campana del recreo alguna vez, que estoy cansada, y ya no hay siesta ni paisaje ni pajaritos cantando en la vereda, que se llevaron la comida de las aves los barrenderos, los cartoneros y nos quedaremos sin el salvajismo sutil de los amaneceres, es que si podan los árboles perdieron sus nidos. Y hay cosas que se amaneran, se hacen de otra forma: el amor, el desamor. Y hay cosas que se amaneran como la quinta sinfonía de Beeethoven tocada quinientas veces. Se amanera la manera de mirarte, de decirte, perdonarte, odiarte y preferirte. Hay gente que se amanera y ya no es la misma, ahora tuerce la muñeca de trapo de la infancia y la estrangula, se han comprado una joya, un auto. Hay gente que se amanera y no sabe de qué manera se trata su amaneramiento, pero lo sabe, eso es bueno. Hay puertas amaneradas que se abren y se cierran, hay candados que amenazan privacidades de soledad amanerada. A mi manera veo como todo se amanera de alguna forma pérfida y lozana, chabacana, pertinente, y todos somos parte de un amaneramiento que nos incumbe, sobre los solos de una guitarra, sobre el ropero o el espejo. El peor amaneramiento son las calvicies y las arrugas, inevitables amaneramientos del tiempo. A mi manera me amanero también.

viernes, 22 de abril de 2011

Otoño en la siesta de la mañana

El que otorga, calla. Aquí yace la palabra desnuda esperando vestirse con tus ojos. El naufragio no me quitó las alas. Sobre todo, sobre ti, amurállame, acércate, abrázame, acomódate, alcánzame, a veces; adivina lo divino, lo mundano, divídelo en pequeñas luces como el liviano espanto de morir cuando adivinaste todo.

De nuevo me convierto en la estatua de sal que decora tu cuarto, me deshago del hecho consumado, de la ceniza que se vuela, de perderme en la puerta abierta que se cierra detrás, para volver a este presente que no existe, a la arena del reloj en un camino dividido a la derecha, a la izquierda, al abismo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

hechizo



pestañas del último parpadeo,
agujas de un reloj abandonado,
pétalos y hojas y susurros de un gato,
un frasco vacío para guardar la soledad
de este amor brujo que te aparecerá a mi antojo

sábado, 12 de marzo de 2011

trampa de mortales



sin mesura,
entre las alas que repiten
fantasmas,
a la hora equivocada
de los santos en su duermevela,
en el destino,
esta trampa de mortales,
de soledad porque sí,
sin menos precio,
tu voz cruzando los mares,
la cerrazón de la sin razón,
las esquinas que no doblo,
los puentes descolgados,
la acción del olvido
en una copa apoyada,
la cuenta que se paga,
la mesa que se cierra,
las palabras que se pierden
o se convierten en sal.

sábado, 5 de marzo de 2011

sábado, 15 de enero de 2011

ruido de maderas


Entre labios se aprietan,
se repiten, en otros,
hay palabras quietas, perfumadas,
rugosas, otoñales, dormidas,
insisten, se sujetan a las cosas
hasta el silencio.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Yo soy

Soy el crepúsculo bautizado con el fuego que ahora enciende tus noches, la condena de tu soledad lista para ver los rasguños del espanto. Yo soy tu soledad, la que duele cuando te miras al espejo y escondes en una foto desgastada, la que duerme perfumada, esa misma soledad que viste y calza tacos altos, la que convierte el agua en vino y se lo bebe. Soy tu soledad, soy quien te priva de mi compañía y se ríe a carcajadas con otros.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Malos Aires



Salto el andamio después de mi,
las cloacas ascienden como una lluvia rebelada
y de la nada me hago
grito que serpentea en la ciudad vacía;
mis pasos,
la oblicua cabellera que respira,
se hace eco de ataúdes verdes;
me reconozco,
hay un charco en medio de la calle,
un silencio sostiene la atmósfera hechizada,
el aliento se envanece en humo;
fumo como si fuese a parir otra noche,
voy a traer el mar a las ciudades,
rotos espejos del suburbio.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cuidado que anochece

He decidido desenmascarar a la luna. Puedo ver como pergeña vanidades, como derrota al sol, como aniquila el día y recrudece el espanto; el lobo lo sabe. Todo lo que comienza inevitablemente termina, la luna se mofa de eso. Guarda las miradas de los amantes y de los asesinos, de los que viven a la intemperie y de los que se pasean sonámbulos por sus balcones, de quienes la miran tímidamente por la ventana. No sólo guarda las miradas si no también los pensamientos. La memoria es un suspiro, es un ocaso y ella se aprovecha, está escribiendo un largo memorandum del mundo.

Instrucciones para subir una escalera - Julio Cortázar

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en ‚este descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

habría

Acaso hay ocasos que habiendo sufrido el sacrilegio de lo nuevo vuelven, hay alguna que otra noche borracha de luna oculta entre las casas, hay quienes recogen los deseos de la Fontana di Trevi y los tiran como monedas, hay esta derrota dejándose vencer como la estatura menguante en la vejez, hay las carcajadas del agua de esa fuente que me hieren como un suceder sucedido, como un escarnio de mis deseos abriendo la trampa sorda del tiempo, cuando fallece la flor que oculta el secreto de nuestro amor deshojado.

martes, 16 de noviembre de 2010

tal vez

Hay veces que se ocultan sobre los mostradores y se revenden a buen precio, mercancías preciosas de tiempo pagado o canjeado por cosas sin nombre. Hay veces que parecen nunca porque se disfrazan y alguien las roba igual. Hay veces que no quiero y veces que me quiero ver a través. Hay veces que es mejor no recordar y otras que merecen despertar. Hay veces que habiendo sido no son y quieren ser. Hay veces que construyen una vida así sumándose, y terminan escribiendo sobre el tal vez o si hubiera sido alguna vez posible. Hay veces merodeando las circunstancias que es mejor dejarlas pasar hasta que sean un para siempre.