miércoles, 18 de septiembre de 2024

Poema hermoso de @escribonia en Twitter

 


Somos un misterio, una catástrofe, un delirio. Lo que debe ser y lo que no y lo que los dioses dicen. Y el mar en toda su extensión alista a sus gaviotas dándonos asilo. Porque sin ocurrir sin estar sin morirnos, sin tener que ser, te he llamado y has venido.


@escribonia



sábado, 7 de septiembre de 2024

tu voz

 


tu voz en el confesionario, en el teléfono, en la radio, en los estantes, en los cajones, en el agua, en el salero, tu voz cruzando mares, enfrentada al miedo, descubriendo horizontes, cavando pozos, tu voz en la montaña, en el hilo de la aguja que me cose, tu voz temblando, acobardada, bordada, lanzada al vacío, separada del imán que une nuestros continentes, tu voz lejana que vuelve a decirme que no todo está perdido...




viernes, 12 de julio de 2024

depresión post partir

 


Un borrador de memorias

una razón colorida

pido

agua caliente en pleno invierno

azúcar, sal, pimienta

y tus ojos leyéndome

en el silencio de la noche





jueves, 27 de junio de 2024

Buscando una historia

 


Busco una historia que hable de mi padre, tomo la lapicera. Busco una historia que hable de mis hijos, tomo la lapicera. Busco una historia que hable de mi. Sobrepongo el dolor al ansia. Quizá mi padre esté con los hijos que nunca tuve, hablando sobre la fragilidad de la vida. Y un arco iris sea el final.






martes, 25 de junio de 2024

nous nous quittons à Quito

tu canción



Esta tinta, esta sangre de letras que chorrea en mis manos, que brota de mi boca, para decirte aquello que ya sabes, recordarte, que existo, y mi existencia te abraza con el viento, con las hojas de otoño que no caen, con tu maldita primavera que apañas, mientras ruge mi loba tu canción.



si la rosa hablara, diría:

 


que tus espinas son aves que siembras

que tu agua espera para bendecir el matorral

que sobra una roca en tu camino

que siempre que llovió nació un himno

y que de ti a mi hay un pétalo de distancia...




martes, 28 de mayo de 2024

te esperan

 

sola como una ola que amanece en el horizonte

los cuerpos son anécdotas del alma

mis cálculos te esperan




viernes, 10 de mayo de 2024

jueves, 2 de mayo de 2024

escalera al cielo

 


No debería haber camino a la colina del desamparo. Entre panes la oración se yergue. Impune el mar sigue gritando a horas de aquí. Por un momento de ver te vi, por un momento de oír, te olí. En caravanas de carnaval, en otros mundos de madera, en aquellos gritos que ahogas, allá a lo lejos, van los que siempre pierden, los que nadie oye, los que hoy te nombran Rey de los desposeídos. Porque el dolor. Por qué. La codicia en el horno de la ambición. Los rejuntes de basura que te dejo, hermano, todos los días. Y vos tranquilo. Y yo tranquila. No debería haber hambre en los hombros del mundo. No. Escribo para saber. Para confrontar a los fantasmas. Para decirte que te extraño en el idioma de los muertos por amor. Para exigir justicia por Santiago. Para leerme y no entenderme. Profeta del pasado amedrentado soy. Defiendo el derecho a decir y mi máquina de escribir está rota. Contradicciones de la vida cotidiana. Como decir y no hacer. Fregar la roña de la mentira con el puño de la verdad. Eso. Así la casa descansa en mis sueños de libertad. Tu varita mágica me toca y el río ríe. Soy un violín sin orquesta en un solo de piano. Pero sigo como siguen los escalones, uno a uno para arriba y para abajo.



sábado, 13 de enero de 2024

los haikus están escribiendo un largo poema

 


Decirte en los labios el color de un deseo suelto.

El rojo fuego de la pasión en el frío.

Sobre tu piel dejé mis caricias olvidadas.

Escrita está esa palabra que nadie robará.






viernes, 5 de enero de 2024

Lo bueno si breve

 

 

  

“Tener que convivir con ratones, me pareció en el primer momento el único defecto de este sótano, donde no pago alquiler. Ahora advierto que estos animales no son terribles: sino discretos. En resumidas cuentas son preferibles a las moscas, que abundan tanto en las casas más lujosas de Buenos Aires.”  Silvina Ocampo

 

De vez en cuando pasea por el jardín del vecino o se tira en el portón atando cabos. Tal vez espera como un fantasma acribillado de realidades, sangrando su luz. Otras veces disfrazadas de circunstancia repetidamente son eternidades. Y todas las veces que se odió y amó, como cuando el gato enfermó, o la puerta se cerró detrás y alguien entró a la vez..

 

Efímero ya tiene la caja de bombones con monedas, y los billetes recién salidos de la nursery. Se suelta el pelo y se invita a pasear sin levantar pasajeros. Momento glorioso, como cruzar el semáforo al filo con el corazón de la taquicardia en la mano. Pero vuelve a pasar: La mano temblorosa, el ceño fruncido, el auto quieto en Uriburu Y Sarmiento. (Su pasajero frecuente bajará como siempre demorado, aunque la asistencia perfecta lo ajusticie en esa esquina.) Efímero que maneja los instantes de una ciudad casi dormida, despierto, sabe que la guantera aguanta, pero saca igual uno por uno los cassettes de Cacho y El Gitano, tira fuera papelitos de peajes, de facturas, teléfonos anónimos, etiquetas, dos cartas de amor viejo y acomoda su cepillo de dientes con el dentífrico. Ahora sí, el pasajero da su infalible clave “Santa Fé” y arranca el auto con maniobra de atleta.

 

Algunas veces Efímero cena con compañeros de ruta, la que une antes con ahora, y seca el puño del dolor en el mantel de papel, mientras la morcilla se enfría. Tiene un extenso decálogo de pasiones: sí mataras al colectivero que te encierra, sí desearas el pasajero de tu prójimo. Y los días le suceden, como le sucede la alergia al gato cuando entra a la casa a través de esa puerta verde chiquita parecida a la entrada de un enano sin cuento. Por detrás de la puerta una escoba estacada le deja la tranquilidad de saber que cualquier visita se irá en breve. Tiene también un baño a medida y una cocina despejada de comida. El patio es una silla y la cama todo su cuarto. Más allá la única ventana abierta ahora que es verano, y sus pies pateando al gato.

 

Pero desde el auto, invariablemente él sentado, como en la butaca de un cine mirando la realidad pasar: el policía detenido en el escote cruzando Corrientes, la moto sospechosa, esa pareja ardiente en la puerta. Y en Libertad, la mano le tiembla, entonces Efímero frenará bruscamente con el ceño fruncido, bajará, abrirá el baúl. Efímero colocará la caja de vino a la derecha, después a la izquierda, al centro, el matafuego más arriba, más adelante, los trapos sucios en el cordón de la vereda, el mosquitero ahí, y sellará su dedicación con un ruido agresivo al bajar la tapa, sin importarle el pasajero que le está esculpiendo una queja merecida. 

 

Mientras Efímero me mira, digo, se está yendo, se va, sube a un auto que avanza, toma su propio taxi y se lleva con él lejos. Efímero corre sin pies, tantas veces, tantas calles, tantos bares, y desde el mismo campo concentrado. Efímero lee las miradas y entiende el futuro. Ahora ella se encuentra con Manuel y mañana va al psicólogo sin antes decirle que fue un día difícil, porque el calor, pero Efímero sabe que no es el calor, sino el amor incomprendido que le quita las ganas de vivir, señorita, aunque no me lo diga, pero con esa sonrisa, déjese de joder, mire, yo me separé hace cinco años y aquí me tiene, cuando quiero estar con alguien, ahí está, y después me las arreglo solito, bien solito y así estoy muy bien.

 

Pero sabemos que le tiemblan las manos cada vez más y el ceño se le frunce, y en medio de un viaje acomoda el sillón trasero y el de adelante más atrás aunque le corte las piernas al próximo transeúnte arrepentido. Efímero debía pagar el alquiler hace dos días y tiene un sobre cerrado guardado en el colchón hace tres. Todo puede esperar ahora que lo llevan a Ezeiza con una maleta discreta que no ensucia el baúl. El baúl lleno de la ropa de verano que guardó para hacer lugar en el placard. Harta coincidencia de la atmósfera con la estación del tren del año merecida cuando tiene que cambiarse la camisa transpirada.

 

Le ocurrió una vez, una tarde oscura de lluvia arremetida, el colchón tenía un imán, el resorte todavía no asomaba la cabeza como un periscopio de los sueños enterrados bajo sábanas y Efímero, aún sabiendo que el dinero no abundaba en su chanchito de la buena suerte, continuó la siesta más allá de la hora. Pero le ocurrió una vez. Ahora está en el sur de la costanera, tirando piedritas, en realidad, pedacitos de vereda, al río, queriendo hacer sapitos porteños en vano, mientras las puertas del auto abiertas le dejan escuchar la radio. Efímero ahora se sienta en el asiento trasero apoya la espalda y descansa viendo el horizonte como puede. Despierta y un amanecer rojizo le llena los ojos de lágrimas. Sabe que lo están esperando en Uriburu y Sarmiento hace cinco minutos, se enjuaga la cara, cambia la camisa por una remera y arranca el auto después de conseguir un café en el puesto de enfrente.

 

Fue otro día cuando el auto se acercó a la vereda para frenar tempestivamente por una mujer intrigante. Y abril sería el mes de su vida, por que  ella, Avril, no hablaba, Efímero le miraba el brillo de los ojos por el espejito, un brillo inusual, y llegaron a la puerta de una casa, y era su casa, y él consultó el horóscopo de la borra del café turco en el bar griego y entendió que esa figura negra en la taza tiene un aura blanco y está parada frente a una figura negra con puntitos grises, es él, tembloroso, dejando la taza en la mesa y yéndose.

 

Efímero ahora que es tarde no vuelve, se queda probando sapitos de nuevo, duerme, ya no le asombra el amanecer igual al de ayer y antes de ayer y antes de antes de ayer. Efímero toma el café de enfrente en el auto, se lava la cara para arrancar a su rutina de realidad pasándole frente a los ojos abiertos, reflejados en el vidrio, en el espejo, en el plato de metal donde come su ensalada, en el cuchillo que se llevó de la casa, en el vaso durex, en la bandeja por si quiere apoyarlo todo y sentirse más cómodo en el living o mejor dicho en el comedor que ahora se transforma en el living del café de sobremesa y el amigo que se acerca a sentarse al lado, para convidarle un fernet, para decirle que no puede vivir en el auto, que tiene una casa, que doña Marta lo está buscando para que le pague el alquiler, pero no, Efímero se quema la mano con el café y la mueve, pero ya no le tiembla, ves, la domina, como domina todo, donde quiera ir cuando quiera ir con quiera ir, así soy yo, libre, bien libre, joder.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

PERINOLO

 


Supe que era él cuando lo vi. Giraba como un trompo y se miraba la espalda. Quise detenerlo pero fue inútil, me atreví a decirle que la tierra para, que las estrellas se congelan en su tiempo confuso también, pero me dijo que todo continúa siempre, que detrás de un horizonte hay otro horizonte esperando y que si amanece, anochece, y que si llueve la nube se corre y el rayo pasa como una furia a romper esa casa, ves, donde los campesinos riegan la cosecha que crece porque llueve, y yo giro porque giro.


Supe que era él pero sus ojos se perdían, tuve que correrlo de costado mientras seguía dando vueltas y los nenes que jugaban en los toboganes y las hamacas hicieron una ronda para aplaudirnos. Ya estaba cansada de correr alrededor pero era la única forma de hablarle, pensé en los perros que giran para morderse la cola y que quizá darle mi mano para que me mordiera lo tranquilizaría, pero la besó, por un instante paró su violenta gira e hizo una reverencia.

 

Supe que era él cuando quise abrazarlo y me quedé con las manos abiertas chocadas contra su cuerpo que siguió de largo, pensé que no podía ser eterna esa marcha en el lugar, que en algún momento se rendiría como una perinola al caer con una de sus caras del juego, diciendo todos toman o nadie pierde, cuando le dije que un Perinolo tiene pocos años de vida me miró, le dije que me diera una de sus caras para saber quien era, que perdía el rostro en cada vuelta, que sus ojos eran una foto movida, entonces dio un salto frente a mi y me acarició la mejilla, entonces supe que yo sólo quería interferir en un destino ya marcado, en un destino que no va en línea recta hasta un final, en un destino que es un espiral, que no avanza ni retrocede, que da vueltas, y en cada vuelta todo recomienza.

 

Supe que era él cuando me dijo, no hay futuro ni pasado, sino esta tierra que gira como yo y que no me suelta, soy la manzana que cayó en la gravedad y nadie la levantó del piso, pero rodó pendiente abajo, soy el muñeco de una vidriera que llama la atención para que los que caminan rápido se paren a verme, soy la violenta resistencia de la muerte cuyo piano en la cabeza no me puede alcanzar, soy quien nunca cruza la calle, ni enamora a una dama, o sí, y me tiró un pétalo que sacó del bolsillo.

 

Y supe que era él porque las hojas de otoño no paraban de caer hasta que se tropezó y cayó en el colchón de hojas mirando el cielo con las manos abiertas, me acosté a su lado y ahora veíamos el movimiento de las nubes riéndonos y descubrimos la cara de una oveja, un avestruz, nos fundimos en un beso eterno que paralizó la tierra y con ella nuestros corazones, morimos, literalmente morimos de amor, de agotamiento, juntos, y los caballitos blancos de la calesita de la plaza nos llevaron al cielo, sin escalas.

 

 

 

 


miércoles, 1 de noviembre de 2023

cuando cae la noche nos mecemos en sueños

 


Haría un pozo de armas

una montaña de cunas

hay quien prefiere monedas

déjame sentir la paz de los soldados

que vuelven

el tanque que no entró

al territorio

el fusilamiento

de abrazos



 


jueves, 28 de septiembre de 2023

Noticiero

 


Tenemos sed del espanto ajeno

Pescadores de pecados somos