domingo, 7 de mayo de 2023

Cerecita



La esperanza recuerda el gesto inútil y lo repite varias veces como una hormiga que construye su casa en las afueras del tronco. Abril prefiere la templanza que la impostergable prisa que aprisiona. El destino está en el retrato, en las uñas que lima con asperezas. Tarde ya, descubre a dios como una de las tantas formas de ronronear del gato, la única que la videncia de un ciego desoye en los laberintos sin entradas. Una apariencia contigua se desnuda. Hay una forma de distinguir la tarde, cuando la sombra desdibuja una luz en la pared y las aves marías del árbol callan.

 

Sabía que los escrúpulos son un peso antiguo que se mete en el zapato, por eso se desligó de los cielos rasos. Recibe la correspondencia por encima de la puerta. Cada mes el tío cretense le escribe, entonces ingresa en el significado de algunas palabras griegas. Le dijo que suelte el país, que anide en otro barco, que pesque una sirena en el mercado de frutos, que nunca suba a un trampolín, que la paciencia es la madre de su padre, que siempre que salió el sol llovió, y que no hay bien que por mal no venga, entre otras cosas.

 

A veces tiene frío. Las baldosas del comedor y la cocina se igualaron a las del patio. Ya no molesta el olor a comida. Caído el cielo raso apareció un cielo curvo, es ese hemisferio austral que se abre a la dimensión de noches y días. Fácilmente las paredes aceptaron albergar algunas plantas, semejan columnas cuando arborecen. Los aviones no, los helicópteros que vuelan bajo atentan su intimidad, pero pasan raudos. Las ventanas quedaron adheridas a los marcos, ya no son necesarias, deben saberlo; hay una inteligencia común de las cosas: las sillas después de la tormenta florecen, los cuadros pasaron del realismo al impresionismo y ahora a un modernismo afianzado; cada tanto tiene que podar la mesa de roble porque sufre.

 

No recibe visitas. Antes los amigos la invitaban a sus casas, podía estar muchas horas bajo un techo, ya no. Recuerda los supermercados, los bares, los cines, las discotecas, como un pasado al que no volvería jamás. Su tierra es fértil como un colchón de vida donde crecen madres y todo se recrea, metamorfosis de los días sometidos a cambiar, como la alfalfa de la maceta en el barro. Hay que nacerse varias veces al día antes del fin que nos pare para siempre, le decía la abuela.

 

Del pasillo que subía por la escalera a la terraza queda una marca negra, camina fuerte como si los techos y las paredes existieran porque extraña el eco de los pasos. Ningún artefacto eléctrico en esa casa abierta sobrevive. Las páginas del exclusivo libro gracias a las tapas de madera, son una apología de la catástrofe. (“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.) Alguien le prometió un libro con tapas de metal. Ella prefiere que diga cosas tales como “verde es el color de la esperanza inmadura” apenas agrediendo un poco la felicidad de los manteles.

 

Dormir con las estrellas en el cuarto y alumbrada con las luces de la calle que se apagan recién por la mañana. Odiar muchas veces la tardanza del verano. Encender el fuego en el comedor y tirarse a ver el día en el espejo. Cocinar con las especies del piso. Eso sí, barrer a la mañana, a la tarde y a la noche; extrañezas envidiables y no, como el collar o las perlas que perdió en el fondo. A los doce días los hombres entraron cuando dormía. A los dos meses cuando cocinaba. Al año cuando estaba sacando la basura. Ahora ya no les tiene miedo. Cada tanto compra algo preciado y lo comenta en el barrio, la noticia llega lejos, lo sabe.

 

La única música dura un baño de inmersión, el vecino canta en la bañera. Lo escucha con felicidad aunque pague un abogado o acaricie al hijo para obligarla a cerrar la casa. Recibe las cartas aunque no tenga leyes. Apiladas en el rincón del living con una piedra encima para que no se vuelen, son un testimonio extenso sobre el atentado a la vida de los otros. Pero sus vírgenes, a pie, desnudas, murmurando enfermas de vida, abren la inmensidad de la nada con un abrelatas de plomo, caminos divididos a la derecha, fuentes de sed sobre tan poco menos que siempre y nunca; la casa entera reza, cerca columnas en su espalda, Abril construye verdades entre escombros para demoler vacíos; finalmente el clima y el tiempo hacen lo suyo.

 

 

viernes, 28 de abril de 2023

Meta

 

Arrancar de la espesura del ojo la retina entornada con oscuro océano para salir y habitar el refulgente ambos que cree en las deidades humanas. Depositar al hombre en la araña que teje su sabiduría. Alguien siempre es la causa en el sendero peligroso o en las bodas del infierno al que ni un soldado de las tinieblas asciende por las sombrías filas de la prisión, del hambre, del frío. Soplan los vientos estancos, en la mañana despierta el ejercito junto al amante, una evanescencia rodea el ceño del tiempo, tiembla la religión en el semblante de un sacramento porque el príncipe golpeará la revolución con la salud de un noble desaparecido que ha visto venerar al diablo, nunca seremos, escribiendo en prosa, una barca o un hueso de las tribulaciones, sino los ojos proféticos de las muertes súbitas o el humo y el vapor que él, viajero del desatino, contempla, con el perfil de una humanidad doliente que cae en la locura destetada del retrato, del proverbio o del verbo.

Los extremos terminan en la puerta, frente al acero, la ignota culpa que cae como una gema desnuda en la palabra, arriba del juramento de plomo que mitiga el ansia con desdén. Vagamos profundamente por la lágrima, en la falda de una ciudad crucificada, en la jaula de la aflicción, como una mariposa envenenada de cuyos senos crece el deseo. Tu sueño se tumba en la corriente y se transforma el temor de la noche en la edad futura, siembras el pecado en la mañana y recibes la cosecha de este sur salvaje por la tarde.

Un puente, veo un puente más alto que los mástiles y un ancho himno que humea en las nubes. Nuestro cuerpo embriagado restituye el orden oculto en la metáfora de un niño entregado a los poemas, la verdad casual diluye el hierro, mi vicio se explica, se exhala, se nula, en la promesa de la fuerza que talla con la paz la sed. Beben sudores los tropeles de la costumbre, el corpus latino brota desde un olor amargo hacia tu órgano invernado, es posible huir del porvenir naciendo continuadamente, descalzos, sin ver el vientre que cura los surcos. Un gran agujero  en el centro del pecho encendido de libertad abre tus labios y la savia del sueño resuena como una risa loca sobre el corazón arrancado por un horrendo amor que los años velan  y nos castiga el infinito con una fuga lenta por las cosas que esta vida nos ofrende. Nido en la mascadura del robo de los gestos, en la humedad de la lengua que traga lo seco, en la palma de una mano, su piel, bajo la mesa. Es posible huir del porvenir naciendo continuadamente, descalzos.



 10 de setiembre de 2001

 

 


domingo, 23 de abril de 2023

paroles paroles



No escribir, no decirte, no afirmarte, categorizarte, determinarte, advertirte, profanarte, desdibujarte, ambicionarte, memorizarte, tentarte, atemorizarte, traicionarte, y tantas cosas con arte.





domingo, 12 de marzo de 2023

A Laura Yasan

 



No sé si te fuiste bailando o aullando

Pero me dejaste un silencio que duda

De ser grito








lunes, 6 de febrero de 2023

miércoles, 1 de febrero de 2023

esperanza

 


Con el fulgor en los labios, serpentear el árbol de los frutos prohibidos, el espejo roto de agua, un cielo puesto sobre la tierra, simples cosas que se complican y mueren, naves que son aves, olas temerosas de ser mar; 

donde nada al fin y todo en un principio, tejer con las hojas del viento la verde esperanza inmadura.




jueves, 22 de diciembre de 2022

Apocalipsis

 

Suerte de principiantes el que apesta a alcohol en la kermesse de los desposeídos, porque posee por lo menos ese liquido, por un tiempo, hasta mear muy arriba y muy lejos.

Negro es el color de la leche descompuesta después de estar días y días fuera del frío. Y es la misma que alimenta, siendo blanca, los labios indefensos. Esos mismos indefensos que se descomponen con el frío, en los días, a la intemperie, y se ponen blancos de dolor. La suerte es blanca o negra en la quiniela de los indefensos, mientras el loto es una planta que da plata y la TV un casino clandestino legalizado. 

El tiempo es la dueña de la descomposición, de esa forma inusitada de sacar violines del pentagrama. Apuesta a una puesta que apesta cuando se acomodan las sábanas o se levanta el telón. Escenas de basura rejuntada en las calles de un mundo tercero que no sube de piso en el edificio de la equidad. La equidistancia entre un deuteronomio y un sabandija charlatán que renuncia a su mandado de almacén de la esquina para ser héroe, y todo en aras de un voto futuro. Ahora van a comprar trapos de piso para limpiarle los labios a los vecinos cenadores. Pero el futuro esta en manos del tiempo, y el tiempo, querido bruto, está en brazos de la descomposición, las notas vuelan y los tambores se callan.

Y esto sigue hasta las últimas consecuencias de la destrucción. Hasta que las palabras se maten. Sería la mejor forma de quedar fuera de una guerra de frases mal venidas. Mientras, los culpables se bañan con agua bendita creyendo encontrar la redención en los telos. Telos*, fin que comienza todos los días y nunca termina de comenzar y prosigue en los segundos descompuestos de un reloj que marca el rumbo de los gusanos predestinados. Desfilan como los militares en las fechas patrias y hacen golpes de estados.

Telos, sida. La inmunología de la muerte en el acto que da vida. Paradojas para una doxa pismoderna, para una descomposición pautada que se compra como se compra el diario en el kiosco de la esquina para leer el suicidio colectivo de la razón que sacó el boleto de setenta centavos para bajarse en Chacarita y rezarle a Perón y Evita mientras come un choripan como chimpancés francés que vivió la revolución de mayo. Y piensa en marte y en el genoma humano. Pero ojo al piojo que te come la cabeza mientras en el laboratorio las ratas aprenden a sumar.

Y el tiempo, querido bruto, no tiene ni idea de lo que pasa. El tiempo pasa mientras desfilamos en carrozas de locura. Apocalipsis no es una trompeta que va a caer desde el cielo, sino una banda de barrio que compone canciones de protesta y que la descomposición parece enmudecer.

 

* Telos, del griego, fin o final. 

 

 

 

 

 

                                                                             

 

 

 

 

 

jueves, 17 de noviembre de 2022

Cosmos

 


La pared cuelga del cuadro

es el orden invertido en monedas

que al entregarlas nos endeudan;

la luna calienta mientras el sol

convoca el aullido de los lobos;

así caminamos, no para llegar

sino para quedarnos,

y dormimos despiertos

y despertamos dormidos,

en el orden invertido de un espejo

que refleja las imágenes de espaldas...






sábado, 29 de octubre de 2022

lo que mata es la humedad

 


gobierna las calles

duerme con linyeras

penetra almas secas

alumbra noches desoladas

despierta esta nostalgia mojada

lo que mata es la humedad

mi madre dolorida camina más lento



las palabras dicen

 


las palabras dicen

lo que ellos dicen

lo que nosotros decimos

y diciendo se apaga el silencio

que rumia en el alma

la verdad



escribiendo en el aire...


 

viernes, 29 de julio de 2022

Dicen

 

Dicen que el día se va detrás de ti y anochece,

que el horizonte se asoma cada vez que lo miramos,

y ve nuestros infinitos y bosteza,

y nos mira atardecer y suspira,

y miente, porque las distancias son de nuestros ojos,

y nuestras las lunas que nos miran y ven la eternidad, amor.



lunes, 25 de julio de 2022

"Primavera" de Wenceslao Horacio Maldonado

 

La pradera entrelaza

el ritmo del pétalo y la pluma.

Danzan las Gracias su canción de abrazos.

Se levanta el cuerpo

celeste del aire.

De los hombros dejo

caer el manto grueso

del invierno. Libre,

espero la agitación de la llegada.

Es mi nueva

estación de la vida.

 

Wenceslao Horacio Maldonado

 

"Primavera" el primer poema del libro "Dioses del deseo antiguo" que mi papá tenía en su mesa de luz. Se lo dedico a su partida.

La agonía de tu aliento es ahora viento que engendra libertades por los tranquilos esplendores, la paz estrepitosa del eterno descanso que transitas.

 

Sandra - 2002

 


sábado, 23 de julio de 2022

Algún día encontraré una palabra... de Roberto Juarroz



Algún día encontraré una palabra

que penetre en tu vientre y lo fecunde,

que se pare en tu seno

como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra

que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,

que contenga tu cuerpo 

y abra tus ojos como un dios sin nubes

y te use tu saliva

y te doble las piernas.

Tú tal vez no la escuches

o tal vez no la comprendas.

No será necesario.

Irá por tu interior como una rueda

recorriéndote al fin de punta a punta,

mujer mía y no mía

y no se detendrá ni cuando mueras.


Roberto Juarroz

miércoles, 20 de julio de 2022

Dólar a $300

 


La moneda va de mano en mano pero no es puta,

va de aquí para allá pero nunca se pierde.

La moneda es una mónada 

que algunos juntan y otros necesitan,

es un motivo de júbilo y dolor, de gula y hambre,

siempre hambre.









domingo, 17 de julio de 2022

hoy 2

 


y todo error es un infierno

que te intercepta el alma

y la rasguña








sábado, 16 de julio de 2022

hoy

 


La tristeza es ceniza 

que vuela por el aire 

y nos nubla la vista.

Hay una tormenta 

en los ojos que lloran

pero no puedo

hacer que la nube 

de mis párpados 

se corra

pero no puedo

hacer que un rayo 

termine con todo...







viernes, 8 de julio de 2022

haiku

 


dicen que de los 

poetas viven nuestras

realidades





sábado, 2 de julio de 2022

horizonte aburrido

 


el horizonte

ve nuestros infinitos

y bosteza