Una lápida. El diablo, vuelto en sí. Con los ojos puestos en
tu camino. Divide la senda que nos ha de buscar. En el final de un sin sentido
arrojado a la nada. Dios se acerca a las puertas del infierno, reza, y grita en
una voz que sorprende, cruel. Puede que alguien le abra, o lo eche.
Mientras los papeles de su guión se queman. Nuestra vida entera está tirada al
borde de un rincón sin paredes. Esperando. Solloza. Se mece. Marea al viento.
Tira un rayo a una nube desconocida. Y crece la lluvia en tus ojos.
1 comentario:
Qué lindo, poeta. Me gusta mucho esa forma.
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