Podría escribir sobre el devenir de las cosas, pero devienen
y ya no son. Todo pasa por la puerta y no hay forma de detenerlo, mientras
miramos por la ventana el cielo impregnado de nubes que se van, como la estampida
del amor. Corre un río en su cauce meciendo la tierra debajo
del puente, entonces se posa el ave en el pico más alto del árbol para cantar a
capela su mejor canción.
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